GOL, TRANVIA Y VINO TINTO


 ( Por Marvin Galeas, periodista )

Urgido por un improvisado matrimonio y con una hija en camino, tenía que llevarme un colchón para mi flamante casa. Lo compré cerca del mercado Tinetti, en aquel San Salvador sin zona rosa de 1979.

Pagué la suma de 45 colones por el colchón a rayas. Detuve un taxi a la altura del billar de Raúl «dos culos». Me metí en el asiento de atrás con todo y colchón enrollado, como si temiera que me lo robaran.
No me había fijado en el motorista hasta que vi su rostro en el espejo retrovisor. Sorpresa: Juan Francisco Cariota Barraza.

El catedrático de la zurda. Espíritu de periodista desde mi adolescencia, lo acribillé a preguntas. Una de las mejores entrevistas de mi vida, sin grabadora, sin micrófono.– Dice mi papá que usted metió un gol de media cancha. Cuénteme cómo fue.


-Estábamos en el estadio de San Miguel, iba comenzando el partido. Máquina Merlos tenía que repartir la pelota, yo en eso vi a Tarzán Alvarenga que se había salido bastante de la portería, el arbitro no había pitado todavía elinicio. Entonces, le dije a Máquina disimulado como quien no quiere la cosa, "Máquina, mirá Tarzán como está... tocámela, tocámela suavecito, tal vez llego".
El árbitro pitó, Máquina me la tocó y yo me abrí con vergazo de un solo. Tarzán corrió para atrás, para atrás, para atrás, levantó las manos,arañó el aire, pero ya no pudo y la pelota entro bombiadita

En 1935, tres años después de los horribles sucesos del 32, nacieron Mario Galeas, Roque Dalton y Juan Francisco Barraza. El primero me dio la vida, el segundo la poesía, y el tercero el fútbol. Fútbol y poesía, dos grandes emociones de mi vida. Mi padre me llevó por primera vez al estadio a ver a Cariota. Era el Aguila de los Charlaix, de Mon, de Búcaro, Claribal, Vermello Rodríguez, Walter Pierson. Sánchez Hernández gobernaba y el Aguila ganaba al Fas de Cayaca Marín con marcador de cuatro goles por uno.
      


Los diarios, en blanco y negro, reportaban los últimos incidentes con Honduras,el colón se cotizaba a dos cincuenta, había caramelos de a centavo y Cariota estaba concluyendo su ciclo como jugador activo. El Dragón lo estrenó en los cincuenta, la época de oro del cine mexicano y de Guayo Molina. En el 54 le metió un golazo a México, en México. El Aguila lo compró a precio de me lo llevo en el 59. Aguila fue el equipo de sus amores.– Cuánto fue lo más que usted ganó en el Aguila, cuénteme.– A mí lo más que me pagaron fue 150 pesos, pero es que a mí lo que me gustaba era jugar.

– Y qué le parece el Pele Zapata.
– Es bueno ese baboso. Ese corre y le pega a la pelota con las dos patas. Lo único es que no levanta la cabeza para correr, pero es bueno ese baboso y gana bien. En el 68, año del París de las barricadas, de los cocolazos en la plaza de las tres culturas y de las olimpiadas, Cariota formó parte de la mítica selección de Goyo Bundio, entrenador, que no director técnico, que formaba equipos a golpe de tango, ternura y amistad. Calzonetas amarradas a la cintura con cintas blancas, camisolas apretadas y con las entrañables siglas ES en el pecho.

Sistema de juego tres-dos-cinco, fútbol alegre y ofensivo, sin fichas, sin contratos, narrado por Chalío y Miguelito Alvarez... y ganábamos. El Salvador ganaba y, en el coloso olímpico de la Flor Blanca, la gente comía carne de chucho después de haber dormido en las afueras del estadio para ver a la selección de Bundio y Barraza ganarle a los rivales, porque en Honduras nos ganaron por un gol de vacilón, pero aquí ya se jodieron con nuestra selección.

– Por qué se retiró, maestro.
– Es que me dolía la columna.

Sí, a mí me operaron de la espalda, hombre, por eso es que no fui a México al mundial, no porque todavía me sentía de media vida, tal vez les hubiera metido el otro. Se fue sin pensión de retiro, callado, sin un buen partidazo de despedida como se lo merecía. Pero se hizo entrenador, que no director técnico. Setentidós en la memoria. El coronel Molina candidato. Duarte y Ungo en la boca de todos. Esperanza. Frustración. Los gorilas sieguen a sangre y fuego. «La guerra del pueblo ha comenzado, la paz para los ricos ha terminado...», decía un comunicado del flamante Ejército Revolucionario del Pueblo. Pero Cariota estaba muy ocupado entrenando a un grupo de cipotes desde el año pasado.

El kinder de Barraza. Coreas, Zapata, Rivas, Pineda... y fueron campeones. Aguila campeón y hasta le ganó al Saprissa allá en Costa Rica.
Cariota, el del Dragón, el Aguila (y el Sao Paulo), ganaba también como entrenador. En la mente del matador de los cincuenta, de Juan como le dice mi papá, sólo van quedando los ecos del griterío en el estadio, los abrazos del hombrerío sudoroso, palabras como Quequeisque, Rocabruna, Adler y Sobalbarro y golaaazo del Aguila. Pero recuerdos rotos que ya no alcanzan ni para la sonrisa de la nostalgia. Y con él... parte de mis mejores recuerdos que es la infancia, que es una patria, que es una infancia.
  

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